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El proteccionismo estadounidense y la sobrecapacidad china llevan a las empresas europeas a un turbulento 2026

El año 2025 marcó un punto de inflexión para la economía mundial. Entre choques comerciales, sobrecapacidad china y tensiones geopolíticas, las empresas deben redefinir sus estrategias. En este artículo, nuestros expertos analizan los retos de 2026 y la resiliencia necesaria para afrontar la turbulencia que se avecina.

2025: un año de convulsión geopolítica y realineamiento

El año pasado quedará en la memoria como un gran punto de inflexión para la economía global. Tras la llegada al poder del presidente estadounidense Donald Trump, el proteccionismo comercial entró en una nueva era, marcada por el ya famoso Día de la Liberación (abril de 2025) y la rápida introducción de aranceles generalizados. Esta aceleración repentina llevó la incertidumbre económica a niveles sin precedentes, comparables a los observados durante la pandemia de Covid. Más allá de las guerras comerciales, toda la arquitectura geopolítica mundial se ha visto sacudida. La fragmentación del mundo se ha intensificado con un nuevo fenómeno: la fractura del propio bloque atlántico.

La fragmentación se acelera y la economía se convierte en una herramienta de coerción. Antes, el foco estaba en la heterogeneidad del Sur global, pero hoy es la propia relación transatlántica la que genera una verdadera preocupación.

— Frédéric Wissocq, Coface Western Europe & Africa Underwriting Director.

Esta reconsideración de la alianza histórica obliga a Europa a replantear urgentemente su postura estratégica, en particular en materia de defensa, en un momento en el que varios países del continente afrontan importantes restricciones presupuestarias.

El último año ha demostrado, si aún hacía falta, que la economía está siendo explotada con fines geoestratégicos, con interdependencias ahora abiertamente “armadas”. Las relaciones internacionales se estructuran cada vez más en torno a relaciones de poder, con los aranceles aduaneros, las restricciones a la exportación y las sanciones económicas convirtiéndose en armas de coerción por derecho propio.

Las empresas europeas quedan así atrapadas entre varios frentes: el proteccionismo estadounidense, la competencia china y la inestabilidad política regional.

En este contexto alarmante, la incertidumbre pesa con fuerza sobre la confianza de los agentes económicos, lo que se traduce en un consumo débil y en una marcada cautela a la hora de tomar decisiones de inversión.

 

La competitividad europea: entre las esperanzas del informe Draghi y la realidad de su aplicación

Frente a este contexto amenazante, Europa al menos merece reconocimiento por haber diagnosticado claramente sus debilidades. El informe Draghi sobre competitividad, elaborado por el expresidente del Banco Central Europeo Mario Draghi, y el informe Letta sobre el mercado único, redactado por el primer ministro italiano Enrico Letta, han identificado los problemas estructurales del continente, entre ellos:

  • Menor capacidad de innovación que Estados Unidos y China
  • Fragmentación del mercado único
  • Altos costos energéticos
  • Dependencias estratégicas excesivas

La respuesta europea ha tomado la forma de la “Brújula de la Competitividad”, un plan para reactivar la economía europea basado en el informe Draghi, que identifica las necesidades clave para que la UE impulse su competitividad, entre ellas:

  • Cerrar la brecha de innovación en tecnologías avanzadas
  • Desarrollar un plan coherente que combine descarbonización y competitividad
  • Reforzar la seguridad reduciendo dependencias
  • Acelerar el proceso de integración política

Lo que hoy nos preocupa es el retraso en la implementación de los aspectos operativos de lo recomendado en los informes Draghi y Letta.

— Jean-Christophe Caffet, economista de Coface

Aunque se han puesto en marcha algunos proyectos —como las gigafábricas, la simplificación administrativa para las pymes y la aceleración de la concesión de permisos mineros—, el ritmo sigue estando muy por debajo de lo necesario para hacer frente a la urgencia de la situación. El plan Draghi preveía inversiones anuales de entre 750,000 y 800,000 millones de euros para reforzar la competitividad europea. Sin embargo, la movilización efectiva de estas cantidades se ve obstaculizada por las limitaciones presupuestarias de muchos Estados miembros y/o por la reticencia política a emitir deuda conjunta.

Para ilustrar perfectamente la tensión entre ambición y realidad, basta con considerar la elección de Friedrich Merz en 2025, que supuso un punto de inflexión en la doctrina económica alemana. Alemania, tradicional defensora de la ortodoxia presupuestaria, anunció un ambicioso plan de recuperación estimado en 850,000 millones de euros a lo largo de 10 años. Este incluye un fondo especial de 500,000 millones para modernizar infraestructuras, más de 200,000 millones para defensa y 100,000 millones dedicados a la transición verde.

Es un doble milagro: que Alemania, tras tres años perdidos, finalmente haya despertado y dejado de hacer de la disciplina fiscal la piedra angular de su estrategia.

— Jean-Christophe Caffet

 

Esto podría tener efectos positivos de arrastre en toda Europa, especialmente para los subcontratistas franceses y los países vecinos. No obstante, persisten dudas sobre la naturaleza y el calendario real de este gasto, ya que Alemania tiene su propio enfoque particular del estímulo fiscal.

 

Empresas europeas: navegar entre los aranceles estadounidenses y el dumping chino

A pesar de los temores iniciales, los aranceles estadounidenses no han provocado finalmente distorsiones importantes para los exportadores europeos. Las tasas arancelarias efectivas medias se sitúan actualmente en torno al 16-17% a nivel mundial, un nivel que afecta a Europa tanto como a sus competidores.

“Europa no está más gravada que el resto del mundo y, en algunos productos que exporta a Estados Unidos, incluso está menos gravada”, señaló Jean-Christophe Caffet, economista jefe del grupo Coface.

El análisis sugiere que, a nivel macroeconómico, alrededor del 80% del costo de los aranceles es asumido por entidades estadounidenses —empresas o consumidores— y no por los exportadores extranjeros.

El verdadero peligro para la industria europea se encuentra en otra parte: en el “segundo shock chino”, caracterizado por un dumping masivo de la (sobre)producción china en el mercado europeo.

Lo que más preocupa hoy a las empresas europeas es el dumping chino y la sobrecapacidad que se vierte sobre el viejo continente.

Frédéric Wissocq, Coface Western Europe & Africa Underwriting Director.

 

El aumento del riesgo se debe tanto a la sobrecapacidad china como a los aranceles estadounidenses, que están haciendo que el mercado estadounidense sea menos accesible para los productos chinos. Por el momento, China ha logrado redirigir sus exportaciones hacia Europa, pero sobre todo hacia terceros países o “conectores”: +6% interanual hacia Europa y más de 20% hacia países como Vietnam.

Esta ofensiva comercial china viene acompañada de una fuerte presión deflacionaria. La brecha de precios entre los productos manufacturados chinos y europeos se ha ampliado en 30 puntos desde la reapertura posterior al Covid, superando los 40 puntos si se tienen en cuenta las fluctuaciones cambiarias.

 

Esta sobrecapacidad china está deprimiendo los precios de producción en China, lo que reduce la facturación y, en consecuencia, los márgenes de los fabricantes europeos. No se trata de un fenómeno temporal, sino de una tendencia significativa y probablemente duradera.

Jean-Christophe Caffet, Group Chief economista de Coface.

 

Algunos sectores se ven particularmente afectados:

  • Vehículos eléctricos, donde China ha dado un espectacular salto hacia gamas más altas (lee nuestro artículo al respecto),
  • Bienes de capital, especialmente los relacionados con la producción de energía libre de carbono,
  • Metales, cuyos dos principales mercados —la construcción y el sector automotriz— se están desacelerando.

 

Perspectivas para 2026: crecimiento moderado e insolvencias persistentes

Para 2026, las previsiones económicas de Coface dibujan un panorama de crecimiento global modesto y tensiones persistentes. Se espera que el crecimiento mundial se sitúe en torno al 2.4-2.5%, lo que supone una nueva desaceleración tras el 2.6-2.7% previsto para 2025. Esta tasa de crecimiento, inferior al potencial previo a la pandemia, se ha convertido en la nueva normalidad del entorno económico actual.

En Estados Unidos, se espera que el crecimiento se estabilice ligeramente por debajo del 2%, impulsado en gran medida por las inversiones en inteligencia artificial y tecnología en sentido amplio (centros de datos, redes, generación eléctrica, etc.). El sector de la IA por sí solo representa alrededor del 20% del crecimiento estadounidense en 2025, y casi la totalidad si se incluyen los efectos riqueza sobre el consumo derivados de las valoraciones bursátiles, impulsadas al alza por las cotizaciones de los grandes grupos del sector.

En Europa, el crecimiento previsto se mantiene cerca del 1%, un nivel similar al de 2025. Alemania podría registrar un crecimiento del 1% gracias al plan Merz. Para Francia, la previsión se sitúa en el 0.6%, aunque sigue sujeta a persistentes incertidumbres fiscales y políticas.

Se espera que China continúe su desaceleración orgánica pese al objetivo oficial de crecimiento del 5%, mientras que India sigue mostrando un fuerte dinamismo, impulsado por sus motores de crecimiento interno y su exposición relativamente baja al mercado estadounidense.

Se prevé que las quiebras empresariales sigan aumentando en 2026, aunque a un ritmo más moderado. En Francia, se espera que 2025 cierre con alrededor de 69,000 quiebras, superando el récord de 2009 (63,000).

En términos de insolvencias empresariales, nos encontramos en máximos de los últimos 10-15 años a nivel mundial y hemos alcanzado un nivel récord en Francia, donde, no obstante, ya empezamos a observar el inicio de un descenso.

Jean-Christophe Caffet

 

Para 2026, Coface anticipa un aumento global de las insolvencias de entre +3% y +4%, frente al +6% a +7% de 2025. Los sectores más afectados siguen siendo la construcción y la hotelería y restauración, aunque también se observa un fuerte aumento de las insolvencias entre empresas medianas con importantes cargas sociales.

Se trata a menudo de empresas históricamente frágiles, cuyo deterioro se ha visto acelerado por el contexto general.

Frédéric Wissocq

Las empresas “zombi” que habían sobrevivido gracias a las ayudas de la pandemia de Covid y a los bajos tipos de interés están desapareciendo progresivamente. Sin embargo, podría surgir una nueva ola de insolvencias con la difusión gradual de nuevas tecnologías, en particular la inteligencia artificial, en todo el tejido productivo, lo que Jean-Christophe Caffet describe como “creación destructiva” más que “destrucción creativa”, al menos durante una fase inicial de transición.

 

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Autores y expertos

  • Jean-Christophe CAFFET

    Chief Economist

  • Frederic Wissocq

    Western Europe & Africa Underwriting Director