Los niveles de agua históricamente bajos del Rin y el Danubio están afectando el transporte de mercancías, comprometiendo ciertas infraestructuras energéticas y agravando las presiones sobre varios sectores industriales europeos. Aunque se espera que los niveles de agua se mantengan bajos a corto plazo, sus efectos podrían persistir durante los próximos meses y afectar el crecimiento de las economías más vulnerables.
Cifras clave
- 8 cm: el nivel del agua del Rin en Kaub descendió a solo 8 cm el 18 de agosto, muy por debajo del umbral de 78 cm a partir del cual se restringe la navegación y del mínimo histórico anterior de 25 cm registrado en 2018.
- 20%: a principios de agosto, las embarcaciones de carga en el Rin transportaban solo alrededor de 20% de su carga habitual.
- 72%: proporción del transporte fluvial europeo que corresponde al Rin (60%) y al Danubio (12%).
- Hasta -0.4 puntos de crecimiento: durante el episodio anterior de bajos niveles de agua registrado en 2018, el crecimiento real del PIB de Alemania se redujo entre 0.3 y 0.4 puntos.
Ríos europeos en niveles históricamente bajos
Desde hace varios meses, Europa experimenta condiciones excepcionalmente cálidas y secas, que han reducido significativamente el caudal de numerosos ríos. Las consecuencias son especialmente evidentes en el Rin y el Danubio, dos vías fluviales estratégicas para el transporte y la actividad económica del continente. El nivel del agua del Rin alcanzó un nuevo mínimo histórico a principios de agosto en la estación de medición de Kaub, en Alemania, mientras que varios tramos del Danubio en Hungría y Rumania también registraron niveles sin precedentes.
Más allá del problema ambiental, esta situación ya está teniendo efectos económicos tangibles. Los bajos niveles de agua afectan directamente el transporte de mercancías, el funcionamiento de ciertas instalaciones energéticas y, por extensión, la actividad de los sectores industriales que dependen de estas infraestructuras.
Una crisis logística que amenaza las cadenas de suministro
Aunque el transporte fluvial representa solo una pequeña proporción del transporte de mercancías en Europa, desempeña un papel estratégico en varios de los países atravesados por el Rin y el Danubio: representa 5.4% del transporte de mercancías en Alemania y hasta 19.2% en Rumania.
La posibilidad de recurrir a otros medios de transporte sigue siendo limitada. Una embarcación fluvial puede transportar cerca de 2,000 toneladas de mercancías, frente a un máximo de 1,500 toneladas en un tren de carga y solo 25 toneladas en un camión cisterna.
Las consecuencias de los bajos niveles de agua ya son evidentes tanto en los volúmenes transportados como en los costos de transporte.
A principios de agosto, algunas embarcaciones que navegaban por el Rin solo podían transportar alrededor de 20% de su capacidad habitual. En ciertos tramos del Danubio, los operadores también tuvieron que reducir sus cargas, hasta 40% en la sección rumana del río.
Durante la gran sequía anterior, registrada en 2018, el costo del transporte fluvial se multiplicó por 2.5 para la carga seca a granel y hasta por 4.5 para la carga líquida a granel, debido a las restricciones de carga y los recargos impuestos por los operadores.
El sector energético también está bajo presión en Europa Central
Las consecuencias de la sequía no se limitan al transporte. El Danubio también desempeña un papel fundamental en el enfriamiento de ciertas centrales nucleares. En Hungría y Rumania, los bajos niveles del río ya han afectado las operaciones de las centrales de Paks y Cernavodă, las únicas fuentes de energía nuclear en sus respectivos países, que representan alrededor de 40% de la generación eléctrica de Hungría y 20.5% de la de Rumania.
Para compensar la caída de la producción, los operadores deben importar electricidad o recurrir a centrales eléctricas de gas, que son más costosas. Aunque no existe un riesgo inmediato de cortes generalizados de energía, esta situación eleva las facturas de electricidad y agrava las tensiones en los mercados regionales. En Rumania, por ejemplo, la electricidad importada cuesta entre 2 y 2.5 veces más que la generada dentro del país.
Además, los gobiernos de Hungría y Rumania ya han adoptado medidas para reducir temporalmente el consumo eléctrico de algunos grandes consumidores industriales y aliviar la presión sobre el sistema. Estas reducciones afectan especialmente a las industrias intensivas en energía, como los sectores automotriz, químico y de materiales de construcción, y se espera que lastren la actividad industrial durante agosto.
El sector químico alemán, en primera línea
El sector químico alemán, concentrado en gran medida a lo largo del Rin, es uno de los que más dependen del transporte fluvial.
Las instalaciones de BASF en Ludwigshafen ilustran esta vulnerabilidad: ubicadas al sur del punto crítico de Kaub, transportan alrededor de 40% de su carga por vía fluvial. Un mayor descenso de los niveles de agua podría provocar más disrupciones en las conexiones con los principales puertos de Ámsterdam, Róterdam y Amberes, esenciales para su cadena de suministro.
Este impacto llega en un momento en que la industria química alemana ya se encuentra debilitada por los altos costos de la energía y la pérdida de competitividad, con una producción que ha caído alrededor de 20% desde 2018.
La creciente vulnerabilidad de la economía europea
A corto plazo, los pronósticos hidrológicos prevén solo una mejora limitada de la situación. En el Rin, el periodo estacional de bajos niveles de agua suele prolongarse hasta el otoño, lo que sugiere que las disrupciones podrían continuar durante las próximas semanas. En términos más amplios, la disminución de la cubierta de nieve, el retroceso de los glaciares y el aumento de las olas de calor extremo podrían hacer que este tipo de eventos sea más frecuente en el futuro.
Esta situación pone de relieve la necesidad de que las empresas y los responsables de la toma de decisiones públicas integren de manera más completa los riesgos climáticos en sus estrategias logísticas, industriales y energéticas. Para las empresas que dependen del transporte fluvial, el desafío ya no se limita a la gestión puntual de un solo episodio de sequía: también plantea la necesidad de diversificar las cadenas de suministro y fortalecer su capacidad para absorber disrupciones climáticas más frecuentes.
Los bajos niveles de agua del Rin y el Danubio demuestran que los fenómenos meteorológicos extremos ya no son únicamente un problema ambiental. Se están convirtiendo en un factor económico capaz de afectar simultáneamente la logística, la energía y la actividad industrial.
La situación actual es aún más preocupante porque se ha presentado antes y con mayor intensidad que en 2018, en un contexto de menor crecimiento europeo.
Así lo explica Eve Barré, economista de Coface.




